martes, 19 de mayo de 2009

Un chicle de menta para una chica demente

Quiero reconocer ante todo que me avergüenzo sobremanera de lo que me proporcionará un material de primera para redactar esta entrada.

Además es de esas cosas que te hacen sentir ridículo incluso estando solo en una habitación. De hecho, yo no puedo evitar insultarme, sonreirme y golpearme a mí misma con la mano en la frente cada vez que lo pienso.

Una tarde fui con mi madre al cine y, mientras ella sacaba las entradas, yo decidí ir a comprar unos bocadillos. Me puse a la cola, esperé mi turno, llegó y esperé de nuevo hasta que me trajeron lo que había pedido.

Mientras tanto, un señor que había a mi lado tomando un café de pie junto a la barra me saludó. Debía tener unos 35 pero claro, después de conocer el desenlace de todo, ya no puedo asegurar nada...

- Hola (me dijo con voz de tío interesante y sabiondo).
- Hola (le respondí con voz de notehagaselinteresante,gañán después de examinarle de arriba a abajo para asegurarme de que no le conocía).
- ¿Quieres un café?
- Pues no, gracias. No me gusta el café (es cierto pero, cuanto más borde e inaccesible pareciera yo, mejor; cualquier excusa era buena).
- Y... ¿un chicle de menta?
- Menos; acabo de pedir un bocadillo.
- ¿Cómo te llamas?
- ¿En serio piensas que estoy dispuesta a contestarte? Para ti el lenguaje corporal es una mera leyenda, ¿verdad?
- Entonces, ¿no me dejas invitarte a nada?
- Oye, ¿por qué no te vas a acosar a otra, pesao?

Y con las mismas cogí mis bocadillos (me los acababan de traer) y me fui a reunirme con mi madre. Enseguida se lo conté, claro y juntas bromeamos sobre lo mal que lo pasaría si fuese a ver la misma peli que nosotras y nos tocara en el asiento de al lado o algo así.

Bueno pues, después de todo, entramos en la sala, nos acomodamos en nuestras butacas y acto seguido vemos aparecer al tío que me había estado hostigando hacía sólo diez minutos.

Pero, para nuestra sorpresa (y seguramente la de todos vosotros), no estaba solo. Iba en un grupo con más señores (más o menos de su misma edad) y una chica joven al frente; encabezándolo, que muy amablemente les hablaba sobre la peliculita que iban a ver. Era cariñosa y simpática con ellos y, por lo que pudimos ver, estaba a cargo de todos... Les ayudó a encontrar sus asientos y les acompañó hasta ellos de uno en uno. Una vez sentados (y lo que me sirvió como prueba definitiva e irrefutable de lo idiota que puedo llegar a ser), ella les preguntó muy animada:

- ¿Vamos a ver esta peliculita y a pasarlo bien?

Y todos (incluído el acosador), respondieron que sí ilusionados mientras aplaudían y botaban de alegría y emoción sobre sus asientos...

Para el que todavía no lo tenga claro, eran un grupo de personas discapacitadas y la verdad es que a quien menos se le notaba de todos era al del chicle y el café.

¿Qué queréis que os diga? Me sentí fatal y mi madre se rió de mí durante tooda la tarde. Pero eso sólo fue hasta que llegamos a casa. Entonces se rieron de mí ella, mi hermano y mi padre durante tooda la tarde y yo me fui a llorar del sentimiento de culpa que tenía.

En serio, no se lo noté. Normalmente hay algún rasgo en la cara que te hace darte cuenta de esas cosas inmediatamente pero, en su caso, no lo había.

En fin, supongo que en ese grupo faltaba yo y sólo espero que esta entrada me sirva de redención para dejar de sentirme mal por aquello.

martes, 12 de mayo de 2009

Ni Goopy Goldberg en "Sister Act"...

A ver, voy a redactar esta entrada con toda la dificultad del mundo sólo para que José M. se quede tranquilo... José M., va por ti:

Este sábado he tenido una comunión. Recuerdo haber madrugado para arreglarme (no os digo la hora para que no os de un infarto de miocardio al leerlo), recuerdo haberme arreglado, recuerdo haber preparado mi mini bolso de fiesta con las cosas más necesarias e imprescindibles tales como el colorete, su brocha, la raya de ojos y el pintalabios y recuerdo, sobre todo, haber pedido a mi padre que llevase mi mvl en el bolsillo de su chaqueta porque en mi bolso ya no cabían más cosas necesaias e imprescindibles.

A las 12:00h. de la mañana ya estábamos todos en la iglesia. Mis primos iban a comulgar así que, como es lógico, el cura había comenzado el sermón y los invitados (prestando o fingiendo que prestábamos atención) guardábamos silencio; como Dios manda. (Esto último que conste que ha sido un gag; un guiño premeditado acorde con la situación ;) ).

Yo me coloqué en el tercer banco de la izquierda y mi padre se quedó al fondo, de pie, con la mayoría de agnósticos y ateos (yo también soy atea pero soy más cotilla que otra cosa y quería sopar y enterarme de todo lo que sucediera desde una buena posición).

A las 12:04h. exactamente, el cura cesa en su misión de hacernos conocedores de los inescrutables caminos del señor cuando un sonido estruendoso y obviamente inoportuno le interrumpe alterando la paz de la pequeña ermita...

Automáticamente supe que "River deep, mountain high" de Celine Dion no era una de las canciones del repertorio del coro sino la melodía de mi mvl. Mvl que mi padre llevaba en su bolsillo y que, siendo el mismo modelo que el suyo, no fue capaz de apagar hasta bien entradita la canción.

Todo el mundo se dio la vuelta para mirar con mala cara al impresentable que se había olvidado de apagar el mvl en una ceremonia tan importante para dos críos inocentes y entrañables que estaban celebrando junto a sus seres queridos el que hasta entonces sería el día más importante y feliz de sus vidas mientras por sus cabezas, seguamente, rondaba la frase "tú no deberías ser el protagonista"...

Según el testimonio de mi padre, eso vibraba tanto que se salía solo del bolsillo.

Además, el volúmen estaba a tope y es un mvl bastante nuevo así que el sonido es prácticamente impecable.

Él sólo recuerda haber levantado la mirada y haber visto a un montón de gente dada la vuelta, mirándole pero lo cierto es que dejó de ser el centro de atención cuando yo empecé a reirme a carcajada limpia sin poder parar.

Entonces se giraron de nuevo para mirar al principio de la iglesia y poder ver quién era la de la risa floja y descontrolada así que supongo que con eso su reputación quedó intacta.

Obviamente, a la salida se encargó de que quedara claro que el error había sido mío y que él era inocente de todo cargo pero, aún así, fue la gran excusa del día para poder reirnos de alguien; así somos nosotros. :)

Ésta es la famosa canción y se la dedico a mi padre. Un beso, ¡escandaloso!

* Imagináos esa pedazo de intoducción musical rockera quebrantando la armonía de la iglesia... Fue genial, la verdad. A mí sólo me faltó quitarle el micro al cura para ponerme a cantar y a bailar. De hecho, me extraña que nadie me pidiese que se la pasara para tenerla también como politono...


domingo, 26 de abril de 2009

Se me han cruzado los cables

¿¡Qué me pasa a mí últimamente con los cables!?

Lo del cargador de mi móvil lo entiendo; fue muerte natural. (Es natural que deje de funcionar si el perro lo ha mordido y dejado en carne viva) pero, como amputamos y cicatrizó, la verdad, pensé que sobreviviría...

Al dejar el cable pelao con una brecha en todo el centro no hacía bien el contacto así que mi tío cortó para sanear y empalmó y el cargador volvió a funcionar pero claro, si luego llego yo (iba con prisa, con mucha prisa) y tiro de él justo por donde estaba la cinta protectora adesiva para sacarlo de debajo de la mesa y el pobre se engancha con la misma tropezando con una de las patas, pasa lo que pasa...

Me quedé con la punta de la clavija y la cinta adesiva en la mano mientras el resto del cargador se quedaba en el suelo con los cables despeluchados.

Vaale... Ya tengo otro y ya puedo cargar mi móvil pero, ¿qué hay de la batería del ordenador?

Yo creo que esta vez el perro no ha tenido nada que ver y se debe más bien a que, como es un portátil y está todo el rato pa' allá y pa' acá, el cable se ha retorcido demasiado justo por donde se une con la clavijita y se está empezando a pelar. Entre la clavija y el cable hay un fuelle para dar más movilidad al cable... ¿Para qué coño quiero yo que el cable tenga movilidad? ¡Y menos por esa zona! Bueno, a lo mejor no es para eso pero, en cualquier caso, ¿es que no saben el trajín que me traigo yo con los cables? Qué poca vista tienen estos queremosserigualdericosqueBill. (Harían cualquier cosa porque regresaras a la tienda a por un cable nuevo).

Hasta ahora he encontrado la forma de que se quede quieto y el ordenador se cargue poco a poco pero claro, estar sujetando y haciendo presión hacia la computadora mientras escribes con una sola mano no es muy cómodo que digamos...

De vez en cuando parece que coje bien la postura y se queda quieto pero, ¿cuánto durará?

Es una ansiedad tremenda saber que algún día fallecerá y no saber cuándo.

Si lo supiera, podría planear algunas cosas (como comprar un cable nuevo con una fecha límite (yo lo dejo todo para el último día)) pero, así, ¡es estresante!

Le dedico unos cinco minutos al día para que se quede como quiero, me alejo con cuidado como si de un campo de minas antipersonas se tratase para no tocar nada y, cuando lo he conseguido, me doy la vuelta para ver si sigue como lo dejé y me encuentro con que la lucecita azul se ha apagado. (Supongo que torcido y pillado con la base del ordenador no es su postura natural). El cable vuelve solo a su naturaleza y yo a la mía (a colocarlo de nuevo).

Hoy es domingo. No creo que nadie abra la tienda para dejar que yo compre un cable nuevo para la batería de mi ordenador pero prometo que, si aguanta el día de hoy, mañana sin falta compro uno nuevo.

viernes, 17 de abril de 2009

Almas Gemelas

Esta entrada está dedicada a Natalia (tú ya sabes quién eres).

*Me gustaría añadir para no plagiar descaradamente a los guionistas de Hollywood que la frase escrita entre paréntesis es de la película "Nunca me han besado" y la he puesto porque pega en el contexto y me encanta.

Dicho esto y dicho: Natalia, si no has visto esa peli dímelo y te la dejo porque te encantará, comienzo con la entrada.

Hace un par de días fui a un restaurante de toda la vida del Señor que hay en un centro comercial a tomarme una coca-cola (para variar y salir de la rutina, por supuesto) y empecé a entablar conversación con la chica que atendía en la barra. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que teníamos muchísimas cosas en común así que quedamos para vernos al día siguiente porque ella libraba.

A otro día estuvimos de compras, chismorreamos un poco sobre chicos, pusimos verde a alguna que otra súper modelo divina de la muerte a la que envidiamos de forma inconsciente y más tarde comimos en el restaurante en el que ella trabaja mientras nos contábamos nuestras vidas.

Después de esto seguramente os estéis preguntando por qué narices vamos a comer en su día libre al lugar donde pasa unas doce horas diarias, ¿no? (Y, si no, preguntáoslo).
Bien, antes de daros la explicación, lo más lógico es que deduzcáis que la va a haber e intentéis elucubrar cuál sería la más lógica (y, si no, hacedlo).
Una vez hayáis cumplido, lo más racional sería que hubiéseis llegado a la conclusión de que, como ella trabaja alli, la comida nos saldría gratis, ¿verdad?
Bueno pues no.
Siento haberos hecho perder el tiempo pensando y leyendo tonterías porque, en realidad, el único motivo por el que fuimos en su día libre al lugar donde pasa doce horas diarias era el de variar y salir de la rutina, por supuesto.
El caso es que me invitó y comimos de maravilla; a nuestro gusto (muy parecido, por cierto).

*¡Fuera la cebolla si no es triturada y en alguna salsa! Y... ¡Viva el solomillo y las gambas a la plancha!

Qué queréis que os diga... A mí me encanta el restaurante, ella es rarita para comer (como yo), ahí conocen sus gustos y además estábamos en el mismo centro comercial... Blanco y en botella, Cozagón.

Por la tarde se vino a mi casa e hicimos sesión de estética. El maquillaje y el secador fueron los invitados de honor.

Hoy he vuelto a visitarla. Hemos merendado (esta vez hambuerguesas del McDonalds, ¡nada de comida de restaurante!) y hemos hecho una lista con nuestros propósitos a corto, medio y largo plazo (yo creía que era la única que hacía esa clase de cosas y resulta que no estoy sola en el mundo). Con algunos hemos tenido problemas y no hemos sabido catalogarlos pero tenemos claro que las clases de bailes de salón y el carné de conducir nos apetecen muchísimo. Iremos juntas a la autoescuela dentro de poco y, cuando yo busque y encuentre un trabajo, ahorraremos para pagar las clases de interpretación en la escuela más cara de Madrid. La boda y los hijos llegarán pero primero debemos aprendernos correctamente el baile final de "Dirty Dancing" para que, cuando llegue nuestro "gran día", podamos sustituir el vals por la escena más maravillosa de nuestra película favorita... También cantaremos alguna canción a dúo y dejaremos de utilizar los bolígrafos a modo de micrófono mientras fingimos que hacemos playback con la música de fondo cuando no miran los clientes pero, hasta entonces, comenzaremos por no mordernos las uñas.

Aunque también anotamos cosas bastante más serias y personales, la realidad es que coincidimos en muchas cosas y nos hemos descubierto la una a la otra con gran emoción (nosotras nos emocionamos mucho con las cosas y, a veces, parecemos dos psicópatas) pero, con todo y con eso, yo sólo puedo esperar conocerla en profundidad porque creo que merece la pena.

En fin, un besito para ti, Natalia. Mañana por la mañana iré a verte y a ver qué más descubrimos...



sábado, 4 de abril de 2009

Depende

¿Está bien confiar en las personas o es de idiotas hacerlo? Tal vez sólo haya que confiar en quien se gane nuestra confianza...
Pero entonces, ¿qué hay de las segundas oportunidades? (Si no se confía, no te traicionan) ¿Hay que darlas o es como tropezar dos veces con la misma piedra?
¿Está bien hacer lo que crees que debes hacer o es mejor hacer lo que hay que hacer? Si haces lo primero, se podría decir que eres de los que se deja llevar por el corazón y, si haces lo segundo, de los que deciden en función de lo que su cabeza les dice...

Yo creo que lo que hago normalmente es confiar en las personas. Algunas me decepcionan, otras no.
Las que no lo hacen, tienen una parte de mí de forma incondicional y, las que sí, una segunda oportunidad.
Después de esto, si me dececionan de nuevo me siento idiota porque creo que he tropezado dos veces con la misma piedra y, si no, que he hecho bien porque estaba claro que la persona lo merecía.
También suelo hacer lo que creo que debo hacer aunque las probabilidades, estadísticas, lógica o sentido común digan lo contrario.
Si sale mal, vuelvo a sentirme idiota pero, si sale bien, la satisfacción es tremenda porque has confiado en alguien cuando nadie más lo hacía y eso te ayuda a sentirte mejor persona pero...
... Últimamente tengo más sensación de idiota que de buena, ¿por qué será?

¿He de cambiar mi modus operandi? Si lo hago habrá gente que merezca segundas oportunidades que se quede en el camino... Esa gente, por tanto, es gente que merecía la pena y una parte de mí de forma incondicional y jamás lo sabré.

¿He sido yo alguna vez de esas personas que merecían una segunda oportunidad? Seguramente.
¿Me gustaría que me la dieran alguna vez? Seguramente.
¿Me la han dado alguna vez? Seguramente.

Si me apetece dar una segunda oportunidad, ¿he de darla aunque la lógica y el sentido común (normalmente también el de mis amigas) me digan lo contrario?
Son muchas logicas y sentidos comunes pensando de la misma forma pero son también muchas las ganas que a veces se tienen de dar una segunda oportunidad... ¿Por qué?

Supongo que depende de la persona que decepciona, de con qué decepciona y de quien debe dar o negar una segunda oportunidad.

Está claro que sólo se le pueden dar segundas oportunidades a las personas que las demanden y tengan/demuestren interés en ellas porque si no, definitivamente, eres un idiota.

*Me encanta escribir. Mi sinceridad al hacerlo me ayuda y me traiciona inconscientemente. Gracias a esta entrada ahora sé por qué últimamente me siento idiota en vez de buena persona...

Muchas veces son las ganas que tenemos de dar segundas oportunidades las que nos hacen ser y comportarnos como idiotas (por lo menos a mí) pero, para lo que sigue sin haber respuesta es para ese "¿por qué?".

Yo personalmente no lo sé así que, después de esto y de lo hecho (lo hecho, hecho está), sólo me queda esperar que la sensación de... hashechoelcanelounavezmás desaparezca (sobre todo cuando tienes la mala suerte de haber descubierto el origen y la causa de una sensación tan desagradable como esa) para poder escribir sobre que, a veces, no está tan mal sentirse idiota si a cambio has descubierto algo maravilloso que está por encima del miedo al ridículo.


*Con lo felices y lo bien que viven los ignorantes, coño.

¿Para qué pensaré?
Depende...



domingo, 15 de marzo de 2009

Érase una vez...

... Una abuelita porfiada. (La mía, concretamente).

En una ocasión estuvimos juntas en una cafetería que hay en uno de los cines de Madrid. Era el típico sitio en el que esperas sentada (si quieres, claro) hasta que llega la hora de entrar a ver la peli.
Cuando fui a la barra a pedir, el camarero que atendía allí empezó a entablar conmigo una interesante conversación así que le llevé a mi abuela el café y, mientras se lo bebía sentada a una de las mesas que había por ahí cerca, regresé para continuar la charla (sí, la dejé un ratico sola para no quedar mal con el chico... Era guapo, ¿sabéis?).
Todo iba sobre ruedas cuando, por desgracia, nos dio la hora de entrar al cine así que tuve que abandonar al encargado de agradar las tardes de abuelitas y chicas para amortizar el precio de las entradas.

Pero claro, eso no podía quedar así. Días después regresé con un amigo fingiendo que pasábamos por alli (¿quién va a la cafetería de un cine a tomarse algo? Qué puedo decir, somos muy buenos actores...).
El caso es que al rato mi amigo se fue y yo me quedé para estar más tiempo con el camarero. Aparentemente era un gran plan. Quería dejarlo todo bien atadito y resuelto y, por ello, he aquí mi primer gran error: avisé a mi abuela de que estaba pasando la tarde en Madrid para que supiera que, si me daba tiempo, pasaría a verla.
¿Por qué un error? Bueno pues porque esa información lleva consigo una serie de preguntas que desvelan sin que te des cuenta otro tipo de información cuando respondes sincera, inconsciente e inocentemente a cosas como... Dónde estás y con quién.

He aquí mi segundo error: dije la verdad. ¿Para qué coño dices la verdad? "Pues nada abu, aquí estoy con una amiguita, en el parque, comiendo pipas". Punto y final. Pero no. Yo fui sincera y encima creí que seríamos cómplices en el adorable juego del coqueteo por el mero hecho de haber compartido anteriormente con ella los sucesos que se produjeron la primera vez entre el sujeto principal y yo...

Ante semejante situación, mi abuela, por teléfono, me sugirió irme ya a su casa (no quería que estuviera sola, con 19 años, en una cafetería del mismísmo Madrid, un sábado a las siete de la tarde de un espléndido día de verano por si me pasaba algo). Obviamente respondí que no con el camarero delante, mirándome y le dije que estuviera tranquila porque estaba bien.

Cuando parecía que todo iba a pedir de boca y mientras continuaba la conversación (habrían pasado unos diez minutos desde mi última llamada), suena mi móvil. "Perdona", le dije al chico.
- ¿Sí?
- Hola María, soy yo. (Abu Mvl).
- Diiime
- Que estoy pensando que no te recojas muy tarde porque te tienes que ir hasta Getafe y tienes un paseo...
-Ya, abu. Lo he estado pensando y me quedaré a dormir a tu casa, si te parece bien.
- Vale, hija. Mejor... Así no te tienes que ir tú solita a casa y mañana puede venir tranquilamente papá a buscarte.
- Vaaale. Bueno, te dejo. Un besito.
- Un besito, hija. Adiós, adiós.

"Mi abuela", le dije al chico.

Una vez más, todo volvió a la normalidad y el camarero y yo empezamos a reirnos de algunas cosas pero... la gracia duró bastante poco. Mi móvil volvió a sonar. "Perdona", le dije otra vez al chico.
- ¿Sí?
- Hola hija, soy yo. (Abu Mvl).
- Sí abu, lo sé... Dime.
- Noo... Nada... Que pasaba por aquí con Fibi (Phoebe en realidad; la perra) y quería saludarte.
...
Estoy aquí fuera, ¡mira! (Me levanté del taburete y dije "hola" con la mano a la abuelita y al perro que estaban al final del pasillo, detrás del cristal). ¡Ya te veo!
- (Entre dientes) Sí... Y yo... Bueno abu, que estoy hablando, luego nos vemos, ¿vale?
- Vale. Un beso.

En cuestión de segundos (al minuto de colgar), suena mi móvil otra vez. "Perdona" (si te queda compasión), le dije al chico. "No sé qué pasa hoy..."

-Abu, dime.
- Hola María. Oye, que estoy pensando (por qué pensará) que me voy a sentar en el banco este de aquí fuera con Fibi y te espero hasta que acabes...
- Abu, ¡no! ¡Ni se te ocurra! Vete a casa ya, por favor... Yo iré cuando termine. Estate tranquila.
- ¡No! Si no me importa... Yo te espero aquí tomando el fresco y nos vamos juntitas...
- Abu, ¡que no! (Ya de mala leche).
- Bueno hija... Pero no tardes. Y no se te ocurra irte sola con él a ningún sitio, eh...

(¡Como si fueras a dejarme!).

- Que noo. Venga... Y deja ya de llamarme porque no me has dejado ni beberme una coca-cola entera.
- Vaale. Venga. No tardes. Un beso.
- Un beso.

Serían como las ocho de la tarde cuando... Suena mi móvil una vez más. ¿Mi abuela? Nop. Mi padre.
- Trae (me dice el chico). Yo lo cojo.
- No, no... Lo que faltaba.

- ¿Sí?
- Hola. ¿Dónde estás?
- (Puf... Aparentemente, tercer error). Estoy en una cafetería.
- ¿Con quién?
- (El chico delante) Papá, no puedo hablar...
- Pero, ¿dónde estás?
- En una cafetería... (¡maldita sea!)
- Joder, María. Ya lo sé... Pero, ¿en cuál?
- En una que hay en uno de los cines de Fuencarral.
- ¿Con quién?
- (Me levanto nuevamente del taburete sin soltar el móvil mientras informo al chico con un gesto de que volvería enseguida) Con un amigo.
- ¿Qué amigo?
- Un camarero.
- Pero, ¿de qué le conoces?
- Oye papá, ya hablaremos, joder... Que ahora estoy ocupada...
- Vale. Bueno, un beso. Adiós.
- Adiós.

Incomodíasima, regreso a la barra e intento disimular la mala leche que se me estaba poniendo y, añadiendo un toque humor, le digo que si tenía pensado hacerme algo, tendría a varios agentes de la CIA sobre él en menos que canta un gallo. Él se ríe y me dice que eso es porque se preocupan... (Claro, como no era él el que tenía que responder con monosílabos cada diez segundos para no parecer idiota...).

La cosa es que al final, después de haber estado toda la tarde solos (no suele ir mucha gente a esas cafeterías), logramos que el ambiente fuera más distendido y, misteriosamente, sin llamadas... Me ofreció un chupito gratis que después compartimos (no soporto el alcohol pero no podía negarme) y hablamos y nos reímos de muchas cosas. A las diez y media decidí que ya era una buena hora y le dije que me marchaba. Él me dijo que salía a las once, que le esperara y me acompañaba a casa. Yo le dije que vale y así lo hicimos.

Salimos y, a mitad de camino...

-¡¡¡Abu!!! ¿¿¿Qué haces aquí???
- (Con una sonrisa forzada) Pues iba a buscarte ya porque es muy tarde...
- Abu, te presento a Javi. Javi, mi abuela...

- Hola (dijo Javi).
- Hola, encantada (respondió) (mentirosilla...).

-Bueeno... (Miro al chico) Parece que ya me acompaña ella... Ja,ja,ja (ni puta gracia).
- Ja,ja,ja. Sí...
- Muchas gracias de todas formas. (Mi abuela ya tiraba de mí).
- No hay de qué. Encantado de haberte visto otra vez.
- Igualmente.
- Adiós
- Adiós.

Aún no se había dado la vuelta y mi abuela ya me estaba diciendo:
- No te he dicho que no te vayas con él a ninguna parte...

Y claro, todavía yo tenía que agachar las orejas por mentirle e irme sola con él...
Me preguntó que qué tal la tarde y, ahora sí, mi tercer error (que a decir verdad, fue el mismo que el segundo): volví a contar la verdad.
- Pues, salvo por vuestras llamadas, bien... Hemos estado hablando y eso, me ha invitado a una coca-cola y a un chupito...
- (Escandalizada y sin dejarme acabar la frase) ¡Y ENCIMA QUERÍA DARTE ALCOHOL!
- (Desesperada) Sí, abu, sí... Y me ha pedido que oliera profundamente la raya de harina que me había preparado porque decía que, después de lo que me había inyectado por vena, el aroma era más intenso...

Parece que todo termina aquí pero, al día siguiente, me entero de algunas cosillas... Yo estaba en la cafetería y, mientrastanto...

(Papá, en casa)
- ¡Uy! Tengo una llamada perdida de mi madre. Voy a llamarla.

- ¿Sí? (Hijo Mvl)
- Mamá, ¿me has llamado?
- ¿Yo? Nooo...
- Mamá, era una pregunta retórica; tengo una llamada perdida tuya...
- Bueno, sí. Te he llamado. Pero es que me he arrepentido porque, si se entera María, me mata...
- ¿¡Qué pasa!?
- Nada. Que me ha dicho que está en Madrid en una cafetería y está con un camarero que no conoce de nada...

Y así fue como sucedió. Menos mal que cuando mi padre llamó, conté la verdad...

Moraleja: yo que sé.

Miente desde un principio y punto. Y, sobre todo, apaga el móvil cuando vayas al cine.

domingo, 22 de febrero de 2009

Las Personas y los Colores

Antes de nada (y así aprovecho y lo utilizo a modo de introducción en plan... guay), me gustaría anticipar que al leer esta entrada, habrá personas a las que les encantará el tema porque serán capaces de verse reflejadas, personas que no llegarán a entenderlo porque sencillamente les parecerá ridículo y personas que lo entenderán perfectamente y a las que podría encantarles (porque incluso alguna vez se lo han planteado de esta forma) pero que se negarán a reconocerlo porque se sentirían ridículos por ello.

Bajo mi punto de vista, este último grupo de personas se lleva la peor parte...
Pero bueno, ése es otro tema (creo que es demasiado denso como para explicarlo por escrito y demasiado complicado como para entenderlo o relacionarlo con lo que trataré en esta entrada) así que, dicho esto, Las Personas y los Colores:
Ayer me di cuenta de que sería capaz de describir a las personas dependiendo del color que les pondría si fuesen, por ejemplo, un dibujo. Obviamente el color que pondríamos a una misma persona varía en función de quién sea el que la pinta pero, con mi perspectiva y por las sensaciones que me transmiten a mí los colores, tengo bastante claro cuál sería el de las personas más cercanas a mí; a las que más conozco...

Es un ejercicio muy intuitivo y subjetivo pues, como he dicho, depende totalmente de la persona que colorea. A todo el mundo no le sugiere lo mismo el color verde (por ejemplo) y, dependiendo de lo que te transmiten las tonalidades, pondrías uno u otro...
También es cierto que la cosa varía en función de cómo os imaginéis los colores así que haré algo al respecto para que sepáis qué tono exacto veo yo para cada uno... Estuve imaginando a personas a las que quiero y ya las he asociado a los colores:

- AÍDA. Aída para mí sería el ROJO. Es viva, intensa, emotiva, apasionada, sensible... Pero también es sobria, segura, firme, constante...
- MONTAÑA. Ella sin duda sería el ROSA. Es ingenua, buena, sensible, infantil, tierna y alegre...
- LAURA. Laura sería dos colores, el MARRÓN y el VERDE. Tiene muchos cambios de humor pero toca todos los palos... Es clásica, prudente, elegante, serena y también sobria... Pero a veces también es verde porque el verde se hace con AZUL y AMARILLO. Es tranquila, relajada y buena razonadora pero tiene una faceta alegre, divertida y optimista. Al final es verde (y no azul ni amarilla) porque, en resumidas cuentas, ella es una persona muy idealista y a mí el verde me inspira eso...
- ANTONIO. Antonio es mi primo y no le hubiese mencionado de no ser un fiel reflejo del color BLANCO. Es un caso que no puede pasar desapercibido porque lo tengo clarísimo. Es seguro, transparente, claro y muy directo y sencillo. Para mí, blanco. No hay vuelta de hoja y así es él.
- Y yo... (MARÍA) Bueno, yo me veo AMARILLA y a veces TURQUESA y a veces MORADA. Sé que soy la que más colores tiene pero entended que soy yo, que hablo de mí, que me conozco y convivo conmigo todo el tiempo; no puedo describir a todo el mundo con la misma exactitud con la que me definiría a mí...
Me doy cuenta al elaborar mi teoría de los colores que me describo con los que más me gustan. Será por eso que inconscientemente son mis favoritos, porque me identifico con ellos...
Que por cierto, ahí es donde entra también la forma en que nos vemos o nos gustaría vernos. Yo no sé si las personas a las que he descrito se identifican con los colores con que las he descrito pero por mi percepción de los mismos, para mí son claramente así. También podrían decirme si se identifican con cómo las defino y después juzgar si, en base a estar de acuerdo con eso, se pondrían otros colores... Porque sería muy probable que ellos se describieran como lo hago yo pero que se atribuyeran otros tonos porque les sugieren otras cosas distintas a lo que me sugieren a mí.

El caso es que yo me veo con esos colores porque me considero una persona alegre y enérgica, peculiar o rara con el toque de bondad que transmite el turquesa, también razonadora e idealista (el turquesa está hecho a base de azul y verde) y complicada y con mala leche (si se me provoca), pues yo creo que el morado es claramente para personas complicadas e incluso algo retorcidas.

Me gustaría añadir que, como en la entrada de los pepinillos (Aidu, va por ti), la persona ideal sería aquella que lograra reunir todos los colores y ninguno a la vez (sea lo que sea lo que signifique eso)...

*Al releer la entrada me he dado cuenta de una cosa... Y es que, al principio digo que para establecer colores he estado pensando en las personas a las que quiero y, cuando llego a mi primo, digo que no le habría mencionado de no tener muy claro qué color sería... Bien, pues eso no lo digo porque no le quiera. ¡¡Jajajajajajaja!! Lo que ocurre es que me he limitado sólo a hablar de mis amigas, que sé que entran con mucha frecuencia en el blog y que les gustará saber cómo me las imagino porque, si tengo que poner a toda mi familia, además de que nos podemos morir, no sería emocionante porque no lo leerían... Y con mi primo ha sido un caso especial porque, cuando me di cuenta de que no sabía qué me inspiraba el blanco, al pensarlo, vi su cara como si de una revelación se tratase... Así que, aclarado esto: primo, ¡te quiero! (Aunque sea Laura la que tenga que decírtelo porque tú no entras a leerme :( ). ¡Muchos besos!