sábado, 4 de abril de 2009

Depende

¿Está bien confiar en las personas o es de idiotas hacerlo? Tal vez sólo haya que confiar en quien se gane nuestra confianza...
Pero entonces, ¿qué hay de las segundas oportunidades? (Si no se confía, no te traicionan) ¿Hay que darlas o es como tropezar dos veces con la misma piedra?
¿Está bien hacer lo que crees que debes hacer o es mejor hacer lo que hay que hacer? Si haces lo primero, se podría decir que eres de los que se deja llevar por el corazón y, si haces lo segundo, de los que deciden en función de lo que su cabeza les dice...

Yo creo que lo que hago normalmente es confiar en las personas. Algunas me decepcionan, otras no.
Las que no lo hacen, tienen una parte de mí de forma incondicional y, las que sí, una segunda oportunidad.
Después de esto, si me dececionan de nuevo me siento idiota porque creo que he tropezado dos veces con la misma piedra y, si no, que he hecho bien porque estaba claro que la persona lo merecía.
También suelo hacer lo que creo que debo hacer aunque las probabilidades, estadísticas, lógica o sentido común digan lo contrario.
Si sale mal, vuelvo a sentirme idiota pero, si sale bien, la satisfacción es tremenda porque has confiado en alguien cuando nadie más lo hacía y eso te ayuda a sentirte mejor persona pero...
... Últimamente tengo más sensación de idiota que de buena, ¿por qué será?

¿He de cambiar mi modus operandi? Si lo hago habrá gente que merezca segundas oportunidades que se quede en el camino... Esa gente, por tanto, es gente que merecía la pena y una parte de mí de forma incondicional y jamás lo sabré.

¿He sido yo alguna vez de esas personas que merecían una segunda oportunidad? Seguramente.
¿Me gustaría que me la dieran alguna vez? Seguramente.
¿Me la han dado alguna vez? Seguramente.

Si me apetece dar una segunda oportunidad, ¿he de darla aunque la lógica y el sentido común (normalmente también el de mis amigas) me digan lo contrario?
Son muchas logicas y sentidos comunes pensando de la misma forma pero son también muchas las ganas que a veces se tienen de dar una segunda oportunidad... ¿Por qué?

Supongo que depende de la persona que decepciona, de con qué decepciona y de quien debe dar o negar una segunda oportunidad.

Está claro que sólo se le pueden dar segundas oportunidades a las personas que las demanden y tengan/demuestren interés en ellas porque si no, definitivamente, eres un idiota.

*Me encanta escribir. Mi sinceridad al hacerlo me ayuda y me traiciona inconscientemente. Gracias a esta entrada ahora sé por qué últimamente me siento idiota en vez de buena persona...

Muchas veces son las ganas que tenemos de dar segundas oportunidades las que nos hacen ser y comportarnos como idiotas (por lo menos a mí) pero, para lo que sigue sin haber respuesta es para ese "¿por qué?".

Yo personalmente no lo sé así que, después de esto y de lo hecho (lo hecho, hecho está), sólo me queda esperar que la sensación de... hashechoelcanelounavezmás desaparezca (sobre todo cuando tienes la mala suerte de haber descubierto el origen y la causa de una sensación tan desagradable como esa) para poder escribir sobre que, a veces, no está tan mal sentirse idiota si a cambio has descubierto algo maravilloso que está por encima del miedo al ridículo.


*Con lo felices y lo bien que viven los ignorantes, coño.

¿Para qué pensaré?
Depende...



domingo, 15 de marzo de 2009

Érase una vez...

... Una abuelita porfiada. (La mía, concretamente).

En una ocasión estuvimos juntas en una cafetería que hay en uno de los cines de Madrid. Era el típico sitio en el que esperas sentada (si quieres, claro) hasta que llega la hora de entrar a ver la peli.
Cuando fui a la barra a pedir, el camarero que atendía allí empezó a entablar conmigo una interesante conversación así que le llevé a mi abuela el café y, mientras se lo bebía sentada a una de las mesas que había por ahí cerca, regresé para continuar la charla (sí, la dejé un ratico sola para no quedar mal con el chico... Era guapo, ¿sabéis?).
Todo iba sobre ruedas cuando, por desgracia, nos dio la hora de entrar al cine así que tuve que abandonar al encargado de agradar las tardes de abuelitas y chicas para amortizar el precio de las entradas.

Pero claro, eso no podía quedar así. Días después regresé con un amigo fingiendo que pasábamos por alli (¿quién va a la cafetería de un cine a tomarse algo? Qué puedo decir, somos muy buenos actores...).
El caso es que al rato mi amigo se fue y yo me quedé para estar más tiempo con el camarero. Aparentemente era un gran plan. Quería dejarlo todo bien atadito y resuelto y, por ello, he aquí mi primer gran error: avisé a mi abuela de que estaba pasando la tarde en Madrid para que supiera que, si me daba tiempo, pasaría a verla.
¿Por qué un error? Bueno pues porque esa información lleva consigo una serie de preguntas que desvelan sin que te des cuenta otro tipo de información cuando respondes sincera, inconsciente e inocentemente a cosas como... Dónde estás y con quién.

He aquí mi segundo error: dije la verdad. ¿Para qué coño dices la verdad? "Pues nada abu, aquí estoy con una amiguita, en el parque, comiendo pipas". Punto y final. Pero no. Yo fui sincera y encima creí que seríamos cómplices en el adorable juego del coqueteo por el mero hecho de haber compartido anteriormente con ella los sucesos que se produjeron la primera vez entre el sujeto principal y yo...

Ante semejante situación, mi abuela, por teléfono, me sugirió irme ya a su casa (no quería que estuviera sola, con 19 años, en una cafetería del mismísmo Madrid, un sábado a las siete de la tarde de un espléndido día de verano por si me pasaba algo). Obviamente respondí que no con el camarero delante, mirándome y le dije que estuviera tranquila porque estaba bien.

Cuando parecía que todo iba a pedir de boca y mientras continuaba la conversación (habrían pasado unos diez minutos desde mi última llamada), suena mi móvil. "Perdona", le dije al chico.
- ¿Sí?
- Hola María, soy yo. (Abu Mvl).
- Diiime
- Que estoy pensando que no te recojas muy tarde porque te tienes que ir hasta Getafe y tienes un paseo...
-Ya, abu. Lo he estado pensando y me quedaré a dormir a tu casa, si te parece bien.
- Vale, hija. Mejor... Así no te tienes que ir tú solita a casa y mañana puede venir tranquilamente papá a buscarte.
- Vaaale. Bueno, te dejo. Un besito.
- Un besito, hija. Adiós, adiós.

"Mi abuela", le dije al chico.

Una vez más, todo volvió a la normalidad y el camarero y yo empezamos a reirnos de algunas cosas pero... la gracia duró bastante poco. Mi móvil volvió a sonar. "Perdona", le dije otra vez al chico.
- ¿Sí?
- Hola hija, soy yo. (Abu Mvl).
- Sí abu, lo sé... Dime.
- Noo... Nada... Que pasaba por aquí con Fibi (Phoebe en realidad; la perra) y quería saludarte.
...
Estoy aquí fuera, ¡mira! (Me levanté del taburete y dije "hola" con la mano a la abuelita y al perro que estaban al final del pasillo, detrás del cristal). ¡Ya te veo!
- (Entre dientes) Sí... Y yo... Bueno abu, que estoy hablando, luego nos vemos, ¿vale?
- Vale. Un beso.

En cuestión de segundos (al minuto de colgar), suena mi móvil otra vez. "Perdona" (si te queda compasión), le dije al chico. "No sé qué pasa hoy..."

-Abu, dime.
- Hola María. Oye, que estoy pensando (por qué pensará) que me voy a sentar en el banco este de aquí fuera con Fibi y te espero hasta que acabes...
- Abu, ¡no! ¡Ni se te ocurra! Vete a casa ya, por favor... Yo iré cuando termine. Estate tranquila.
- ¡No! Si no me importa... Yo te espero aquí tomando el fresco y nos vamos juntitas...
- Abu, ¡que no! (Ya de mala leche).
- Bueno hija... Pero no tardes. Y no se te ocurra irte sola con él a ningún sitio, eh...

(¡Como si fueras a dejarme!).

- Que noo. Venga... Y deja ya de llamarme porque no me has dejado ni beberme una coca-cola entera.
- Vaale. Venga. No tardes. Un beso.
- Un beso.

Serían como las ocho de la tarde cuando... Suena mi móvil una vez más. ¿Mi abuela? Nop. Mi padre.
- Trae (me dice el chico). Yo lo cojo.
- No, no... Lo que faltaba.

- ¿Sí?
- Hola. ¿Dónde estás?
- (Puf... Aparentemente, tercer error). Estoy en una cafetería.
- ¿Con quién?
- (El chico delante) Papá, no puedo hablar...
- Pero, ¿dónde estás?
- En una cafetería... (¡maldita sea!)
- Joder, María. Ya lo sé... Pero, ¿en cuál?
- En una que hay en uno de los cines de Fuencarral.
- ¿Con quién?
- (Me levanto nuevamente del taburete sin soltar el móvil mientras informo al chico con un gesto de que volvería enseguida) Con un amigo.
- ¿Qué amigo?
- Un camarero.
- Pero, ¿de qué le conoces?
- Oye papá, ya hablaremos, joder... Que ahora estoy ocupada...
- Vale. Bueno, un beso. Adiós.
- Adiós.

Incomodíasima, regreso a la barra e intento disimular la mala leche que se me estaba poniendo y, añadiendo un toque humor, le digo que si tenía pensado hacerme algo, tendría a varios agentes de la CIA sobre él en menos que canta un gallo. Él se ríe y me dice que eso es porque se preocupan... (Claro, como no era él el que tenía que responder con monosílabos cada diez segundos para no parecer idiota...).

La cosa es que al final, después de haber estado toda la tarde solos (no suele ir mucha gente a esas cafeterías), logramos que el ambiente fuera más distendido y, misteriosamente, sin llamadas... Me ofreció un chupito gratis que después compartimos (no soporto el alcohol pero no podía negarme) y hablamos y nos reímos de muchas cosas. A las diez y media decidí que ya era una buena hora y le dije que me marchaba. Él me dijo que salía a las once, que le esperara y me acompañaba a casa. Yo le dije que vale y así lo hicimos.

Salimos y, a mitad de camino...

-¡¡¡Abu!!! ¿¿¿Qué haces aquí???
- (Con una sonrisa forzada) Pues iba a buscarte ya porque es muy tarde...
- Abu, te presento a Javi. Javi, mi abuela...

- Hola (dijo Javi).
- Hola, encantada (respondió) (mentirosilla...).

-Bueeno... (Miro al chico) Parece que ya me acompaña ella... Ja,ja,ja (ni puta gracia).
- Ja,ja,ja. Sí...
- Muchas gracias de todas formas. (Mi abuela ya tiraba de mí).
- No hay de qué. Encantado de haberte visto otra vez.
- Igualmente.
- Adiós
- Adiós.

Aún no se había dado la vuelta y mi abuela ya me estaba diciendo:
- No te he dicho que no te vayas con él a ninguna parte...

Y claro, todavía yo tenía que agachar las orejas por mentirle e irme sola con él...
Me preguntó que qué tal la tarde y, ahora sí, mi tercer error (que a decir verdad, fue el mismo que el segundo): volví a contar la verdad.
- Pues, salvo por vuestras llamadas, bien... Hemos estado hablando y eso, me ha invitado a una coca-cola y a un chupito...
- (Escandalizada y sin dejarme acabar la frase) ¡Y ENCIMA QUERÍA DARTE ALCOHOL!
- (Desesperada) Sí, abu, sí... Y me ha pedido que oliera profundamente la raya de harina que me había preparado porque decía que, después de lo que me había inyectado por vena, el aroma era más intenso...

Parece que todo termina aquí pero, al día siguiente, me entero de algunas cosillas... Yo estaba en la cafetería y, mientrastanto...

(Papá, en casa)
- ¡Uy! Tengo una llamada perdida de mi madre. Voy a llamarla.

- ¿Sí? (Hijo Mvl)
- Mamá, ¿me has llamado?
- ¿Yo? Nooo...
- Mamá, era una pregunta retórica; tengo una llamada perdida tuya...
- Bueno, sí. Te he llamado. Pero es que me he arrepentido porque, si se entera María, me mata...
- ¿¡Qué pasa!?
- Nada. Que me ha dicho que está en Madrid en una cafetería y está con un camarero que no conoce de nada...

Y así fue como sucedió. Menos mal que cuando mi padre llamó, conté la verdad...

Moraleja: yo que sé.

Miente desde un principio y punto. Y, sobre todo, apaga el móvil cuando vayas al cine.

domingo, 22 de febrero de 2009

Las Personas y los Colores

Antes de nada (y así aprovecho y lo utilizo a modo de introducción en plan... guay), me gustaría anticipar que al leer esta entrada, habrá personas a las que les encantará el tema porque serán capaces de verse reflejadas, personas que no llegarán a entenderlo porque sencillamente les parecerá ridículo y personas que lo entenderán perfectamente y a las que podría encantarles (porque incluso alguna vez se lo han planteado de esta forma) pero que se negarán a reconocerlo porque se sentirían ridículos por ello.

Bajo mi punto de vista, este último grupo de personas se lleva la peor parte...
Pero bueno, ése es otro tema (creo que es demasiado denso como para explicarlo por escrito y demasiado complicado como para entenderlo o relacionarlo con lo que trataré en esta entrada) así que, dicho esto, Las Personas y los Colores:
Ayer me di cuenta de que sería capaz de describir a las personas dependiendo del color que les pondría si fuesen, por ejemplo, un dibujo. Obviamente el color que pondríamos a una misma persona varía en función de quién sea el que la pinta pero, con mi perspectiva y por las sensaciones que me transmiten a mí los colores, tengo bastante claro cuál sería el de las personas más cercanas a mí; a las que más conozco...

Es un ejercicio muy intuitivo y subjetivo pues, como he dicho, depende totalmente de la persona que colorea. A todo el mundo no le sugiere lo mismo el color verde (por ejemplo) y, dependiendo de lo que te transmiten las tonalidades, pondrías uno u otro...
También es cierto que la cosa varía en función de cómo os imaginéis los colores así que haré algo al respecto para que sepáis qué tono exacto veo yo para cada uno... Estuve imaginando a personas a las que quiero y ya las he asociado a los colores:

- AÍDA. Aída para mí sería el ROJO. Es viva, intensa, emotiva, apasionada, sensible... Pero también es sobria, segura, firme, constante...
- MONTAÑA. Ella sin duda sería el ROSA. Es ingenua, buena, sensible, infantil, tierna y alegre...
- LAURA. Laura sería dos colores, el MARRÓN y el VERDE. Tiene muchos cambios de humor pero toca todos los palos... Es clásica, prudente, elegante, serena y también sobria... Pero a veces también es verde porque el verde se hace con AZUL y AMARILLO. Es tranquila, relajada y buena razonadora pero tiene una faceta alegre, divertida y optimista. Al final es verde (y no azul ni amarilla) porque, en resumidas cuentas, ella es una persona muy idealista y a mí el verde me inspira eso...
- ANTONIO. Antonio es mi primo y no le hubiese mencionado de no ser un fiel reflejo del color BLANCO. Es un caso que no puede pasar desapercibido porque lo tengo clarísimo. Es seguro, transparente, claro y muy directo y sencillo. Para mí, blanco. No hay vuelta de hoja y así es él.
- Y yo... (MARÍA) Bueno, yo me veo AMARILLA y a veces TURQUESA y a veces MORADA. Sé que soy la que más colores tiene pero entended que soy yo, que hablo de mí, que me conozco y convivo conmigo todo el tiempo; no puedo describir a todo el mundo con la misma exactitud con la que me definiría a mí...
Me doy cuenta al elaborar mi teoría de los colores que me describo con los que más me gustan. Será por eso que inconscientemente son mis favoritos, porque me identifico con ellos...
Que por cierto, ahí es donde entra también la forma en que nos vemos o nos gustaría vernos. Yo no sé si las personas a las que he descrito se identifican con los colores con que las he descrito pero por mi percepción de los mismos, para mí son claramente así. También podrían decirme si se identifican con cómo las defino y después juzgar si, en base a estar de acuerdo con eso, se pondrían otros colores... Porque sería muy probable que ellos se describieran como lo hago yo pero que se atribuyeran otros tonos porque les sugieren otras cosas distintas a lo que me sugieren a mí.

El caso es que yo me veo con esos colores porque me considero una persona alegre y enérgica, peculiar o rara con el toque de bondad que transmite el turquesa, también razonadora e idealista (el turquesa está hecho a base de azul y verde) y complicada y con mala leche (si se me provoca), pues yo creo que el morado es claramente para personas complicadas e incluso algo retorcidas.

Me gustaría añadir que, como en la entrada de los pepinillos (Aidu, va por ti), la persona ideal sería aquella que lograra reunir todos los colores y ninguno a la vez (sea lo que sea lo que signifique eso)...

*Al releer la entrada me he dado cuenta de una cosa... Y es que, al principio digo que para establecer colores he estado pensando en las personas a las que quiero y, cuando llego a mi primo, digo que no le habría mencionado de no tener muy claro qué color sería... Bien, pues eso no lo digo porque no le quiera. ¡¡Jajajajajajaja!! Lo que ocurre es que me he limitado sólo a hablar de mis amigas, que sé que entran con mucha frecuencia en el blog y que les gustará saber cómo me las imagino porque, si tengo que poner a toda mi familia, además de que nos podemos morir, no sería emocionante porque no lo leerían... Y con mi primo ha sido un caso especial porque, cuando me di cuenta de que no sabía qué me inspiraba el blanco, al pensarlo, vi su cara como si de una revelación se tratase... Así que, aclarado esto: primo, ¡te quiero! (Aunque sea Laura la que tenga que decírtelo porque tú no entras a leerme :( ). ¡Muchos besos!

jueves, 19 de febrero de 2009

Vaya par de dos

Hoy he recordado un par de anéctotas que sucedieron cuando estaba en el internado. No me sucedieron a mí directamente pero son reales y yo tuve el placer presenciarlas y la suerte de recordarlas años después para poder reirme...
El internado era un colegio normal, con horarios normales y gente (en general) normal. La única diferencia es que, después de las clases, había personas que se iban a sus respectivas casas y otras (como yo en este caso), que se quedaban en el colegio para tener un horario de estudio más allá de las horas establecidas.
Una tarde, en una de las aulas, a un compañero le surgió una duda y se acercó al profesor de turno para preguntársela. El profesor, se ve que no podía ayudarle sin tener más información y le pidió a otro de mis compañeros que, por favor, fuese al aula de segundo de bachillerato y pidiera un libro de Luis Cernuda...
Tras un buen rato, este chico aparece y lo hace con las manos vacías. Entonces, el profesor le pregunta por el libro y el chaval añade (textualmente):
- Profe, ese Luis Cernuda debe de ser externo porque he reguntado por él para pedirle el libro y no hay nadie que se llame así...
Esto es verídico, eh... Juro que fue así. Y claro, imaginad las carcajadas de todo el mundo cuando el chico dijo semejante estupidez...
La otra cosa que recuerdo es la que nos contó uno de los monitores del internado. Le había sucedido con Perfecto, un chico del que he hablado entradas atrás y sobre el que he dicho, también literalmente, que tiene un nombre muy, pero que muy irónico y ahora entenderéis porqué...
Resulta que el chaval se quejó a este monitor de que en su habitación hacía frío. Le comentó que por la ventana pasaba más aire del que debía y que se iba a resfriar. Ante esto, el profesor le respondió que en su habitación también hacía frío y que no podían hacer nada y, a Perfecto, la explicación más lógica que se le ocurrió para justificar que no es que él fuera un quejica, sino que sin duda en su habitación haría más frío que en la del monitor (y que por eso tal vez él no tendría tantos motivos para protestar), fue decir que, obviamente, él no lo pasaría tan mal porque su ventana tenía barrotes...
Así es, señores... Había gente así en el internado y, gracias a esas personas, a los residenes se nos hacía mucho más amena la estancia.

lunes, 16 de febrero de 2009

Reflexión de mierda pero Reflexión

¿Por qué todo el mundo hace siempre la misma gracia en el cine? Sí. Cuando se encienden las luces después de los tres trailes y justo antes de que empice la peli.
Todo el mundo (o como poco la mitad de la sala porque es cierto que si no sería decirle al de al lao lo mismo que el de al lao te está diciendo a ti y eso tampoco es), mira a la persona con la que va y le dice:
- Bueeeeno... Ya podemos irnos. O...
- Bueeeeno, ¿te ha gustao? O...
- A mí se me ha hecho corta...
Ja,ja,ja,ja. Qué gracia oye.
Siempre es igual. Y si no, lo de:
- Ésta ya la he visto...
... cuando sale rugiendo el león de la Metro Goldwin Mayer o se ve el cartelito de colores de Filmax...

lunes, 9 de febrero de 2009

Anormal de carrito

Nunca he contado algo que me sucedió con mi padre cuando fuimos a uno de los conciertos que dio Chayane en Madrid. Fue divertido y todavía me río cuando lo pienso pero no sé si, por escrito, tendrá la misma gracia... :s
Yo me quería llevar Coca-cola (para variar) y decidí vaciar dos latas en un recipiente de estos que se utilizan para los batidos y las mezclas. Dicho recipiente (marcado con las líneas de los litros y los centilitros por fuera), en la tapadera lleva un taponcito que se abre con mucha facilidad si lo empujas hacia arriba con el dedo. Si quitas la tapadera, puedes vaciar y llenar el recipiente con más rapidez pero, si simlemente levantas el tapón, dejas la apertura justa para poner el morro y beber...

(Eh... vale. Sé que no sois tontitos y que seguramente lo habréis entendido a la primera pero, como me gusta dar muchos detalles para que os hagais una idea de la realidad, no sé si con esto basta porque describir un tarro de esos no es sencillo, ¿sabéis? Bueno, en caso de duda, dejad el comentario.).

La cosa es que sabía que tenía que tener cuidado (no sólo por mi habilidad para descubrir tapaderas y aperturas de fácil manejo en los recipientes), sino porque mi padre también me lo advirtió (era suyo y conocía los secretos y debilidades que aquel vasazo de plástico escondía...).

(¿Veis? Ya he soltado sin que os deis cuenta que era de plástico. Y, si caben dos latas de Coca-cola, tendréis una imagen también del ancho y el alto que, como mínimo, podía tener...).

(Cabían las dos latas justas, ya os lo digo...).

Volviendo al tema, decidí meter el "táper" una vez lleno en una bolsa de plástico para "prevenir".
- Padre: ¿qué haces?
- Mery: ¿no lo ves? Lo meto en una bolsa por si se sale... (A esta frase, ponedle voz de recochineo en plan... ¿¿estás ciego??).
- Padre: María, eso se te va a abrir seguro. Y el hecho de que lo metas en una bolsa no hace mucho... Esas bolsas siempre tienen agujeros o rajas y pierden por algún sitio. (Y a ésta, ponedle voz de paciencia en plan... no seas tonta, hija).
- Mery: que no, hombre... Que no. (Recuerdo haberle dicho). Las bolsas de plástico son impermeables. Ya es mala suerte que esté rota...
- Padre: María, que no... Que con esas bolsas no hace falta tener mala suerte. Está rota seguro. (Voz de experiencia y sabiduría en plan... hazme caso.).
- Mery: ¡ay! Bueno... Si tampoco pasa nada. Si la llevo así; hacia arriba, recta, no se sale... No te preocupes.
- Padre: bueeeeno. (Dijo por no discutir. Ahora lo veo claro...).

Salimos, nos montamos en el coche y, en vista del tráfico que había, decidimos meterlo en un parking al llegar a Madrid capital para coger un taxi desde allí (la puerta del recinto estaría llena de coches y sería imposible aparcar).
Íbamos con prisa (pues me entretuve preparando cuidadosamente cada detalle).
Aparcamos en el aparcamiento y subimos la cuesta a paso muy, muy ligero.
Y claro...
Bolsa pa' arriba, bolsa pa' abajo...
Rodillazo a la bolsa...
Paramos a un taxi, le indicamos la dirección y, cuando me relajo y decido echar un ojo a mi Coca-colita...
No me hizo falta mirar dentro de la bolsa. Bastaba con observar el chorrito que estaba cayendo en la alfombrilla del taxi.
Acojonada por si el conductor se enteraba y agobiada por la hora y la situación, se la di a mi padre rápidamente; sin explicaciones, con un simple "toma...".
Mi padre, anonadado y mientras se preguntaba "porqué coño me carga a mí con la bolsa", me miró y...
- Santo padre: (después de ver el hilo de Coca-cola saliendo por la bolsa... no dijo nada).
¡Se quedó con una cara...! Completamente boquiabierto. Alucinando y tremendamente agobiado. Sin saber qué hacer o dónde meterse. Mareaba la bolsa pensando qué hacer con ella. Yo creo que, en ese momento, ni siquiera pensó "te lo dije". Tenía que actuar deprisa. Ser discreto pero rápido así que decidió bajar el cristal y sacar la bolsa para no manchar más el taxi.
Automáticamente el conductor miró hacia atrás y, al ver a mi padre con medio cuerpo asomado por la ventanilla, mientras de su brazo estirado colgaba una bolsa, preguntó...
- Pobre señor taxista: ¿ocurre algo?
Yo no pude aguantar más la risa y exploté.
El taxista se mosqueó y se agobió. No paraba de mirar hacia atrás y yo no paraba de reir. Me costaba respirar pero al final logré hablar...
- Mery: no se preocupe. ¡Ja,ja,ja,ja! y... ¡ja,ja,ja,ja! No pasa nada...
- Padre: (concentrado en no darle al coche de al lado) tranquilo. Es que, chorrea un poco... Pero no se preocupe porque no le hemos manchado nada...
(Dijo mientras yo pasaba un clínex por el asiento y él chapoteaba con sus pies en la alfombrilla encharcada).
Durante unos minutos el taxista se paró en un túnel a consecuencia del tráfico y mi padre aprovechó para bajarse corriendo a vaciar el recipiente. Tiró el líquido ahí en medio, entre un montón de coches y metió el tarrito en la bolsa para llevárnoslo sin riesgos, tras escurrirlo varias veces.
Pero ahí no acaba todo...
Al llegar a la puerta y pedirnos las entradas, el tío que las revisaba me dijo que no podía entrar con eso así que, cuando mi padre me preguntó por su vaso para los batidos, tuve que darle la mala noticia...
- Mery: lo he dejado ahí...
- Padre: ahí, ¿¿dónde??
- Mery: pues en la puerta... (en plan... ¿¿estamos tontos??)
- Padre: (alucinao y resignado) o sea, que después del por culo que has dao con la Coca-cola, no sólo te lavas las manos cuando se sale y empieza a pringar el taxi sino que además, tiras mi tarrito y me dejas sin él...

Y así fue como llegamos al concierto. Yo no bebí Coca-cola, mi padre perdió su recipiente y Chayane estaba tan lejos que parecía uno de los muñecos de Playmobil...

jueves, 5 de febrero de 2009

La Generación Betadine

Esta generación se inicia conmigo...
Ayer me hice el pendiente y hoy me lo he quitado porque me he dado cuenta de que tengo que hacérmelo más arriba para que me quepa otro agujero entre el que ya tengo (es decir, el que me hicieron al nacer), y el que me voy a hacer otra vez/me hice ayer...
¡A sufrir otra vez! ¡Y venga Betadine pa' que cicatrice bien!
Esto será recodado como el pendiente más corto de la historia.